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Ciencias de la Información

marzo 22, 2012

Rescato un post que escribí para La Huella Digital hace un par de años. Me alegra comprobar que aunque ahora lo escribiría de otra manera, acabaría exponiendo las mismas conclusiones:

Cuando en otra entrada he dicho que a todo se le llama “arte”, no he podido evitar recordar que sucede lo mismo con la palabra “ciencia”. Esto debe ser porque al decir “ciencia” se nos llena la boca de orgullo, como si no hubiera nada por encima de ella. Aunque en este caso tiene menos sentido. Pues la apreciación del arte es subjetiva, mientras que cuando se habla de ciencia no cabe valoración alguna. Aprovecho para sacar a colación el ridículo nombre de mi facultad: “Ciencias de la Información”. Ya sabemos todos que la información está muy bien y todo eso. Que los conocimientos que se imparten en nuestro centro nos convertirán en hombres y mujeres con un bagaje cultural más que suficiente para empezar a desenvolvernos en el selvático mundo laboral. Pero nunca seremos científicos. Ni siquiera de la información, pues tal ciencia no existe. Parece como si quisieran dotar de mayor prestigio a nuestra profesión y no saben cómo hacerlo. Resulta patético y presuntuoso intentar dotar de naturaleza científica al oficio para el que nos preparamos.

La ciencia estudia fenómenos y los somete a leyes, mientras que el periodista estudia acontecimientos cuya naturaleza es exactamente la contraria: su singularidad. Los periodistas pueden manejar información científica, pero su trabajo consiste en tratarla y darle forma, añadiéndole valor y sesgos simultáneamente. Al oír la palabra “sesgo” la gente se alarma y enseguida asocia al periodismo con la manipulación, la mentira, etc. En muchos casos estos sesgos, simplemente suponen no contar lo que no le interesa al público. Imagínense una noticia publicada en la prensa generalista sobre una cura a través de células madre. Seguramente agradezcan que les ahorren determinados tecnicismos. Otros sesgos pueden venir impuestos por la línea editorial del medio o la ideología del mismo periodista. ¡Qué disparate!, ¡pobres ciudadanos manipulados! Aquí sucede lo de siempre. Que le echamos la culpa a otro cuando se trata de justificar nuestra ignorancia. A menudo he culpado a mi universidad, y más concretamente a mi facultad por no impartir clases de inglés de manera obligatoria. Claro, ellos tienen la culpa de que aún no sea trilingüe.

El mundo siempre puede mejorar, pero nosotros también. No caigamos en la actitud pasiva de criticar todo cuanto nos rodea desde nuestro sillón. Actuemos en pro de nuestro beneficio.

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